¿GLOBALIZACIÓN O RESISTENCIA?: UN ANÁLISIS ETICO DEL MEGAPROYECTO EN EL ISTMO DE TEHUANTEPEC
Estudio de Caso
¿GLOBALIZACIÓN O RESISTENCIA?: UN ANÁLISIS ETICO DEL MEGAPROYECTO EN EL ISTMO DE TEHUANTEPEC
Por Lic. Ángel Solís Laces
INTRODUCCION
El término globalización es una mágica referencia en todos los ámbitos de la vida, aún cuando su significado está todavía por delimitar y precisar. Ha llegado a ser un lenguaje cotidiano lo que, hasta hace poco, era exclusivamente un asunto de mercado. Refería a la capacidad del capitalismo a mundializarse, su tendencia abarcadora de toda la geografía económica.
Sin embargo, es un hecho que actualmente este “término”, aunque destaca por su origen económico, ha llegado a trascender, situándose como un fenómeno de integración de las personas, instituciones, países, etc. guiados por las leyes del mercado y la tecnología, que en último término, vienen a condicionar la totalidad de la vida.
Precisamente este es el contexto en el que ubicamos la problemática del “mega-proyecto del istmo de Tehuantepec, Oaxaca (México), que por ser una de las regiones estratégicas y aptas para la inversión extranjera, está siendo afectada principalmente en dos aspectos: las comunidades indígenas y el medio ambiente. Aunque la puesta en marcha de este proyecto es reciente y todavía falta para concretarse, las consecuencias saltan ya a la vista. De hecho, el istmo siempre ha estado contemplado por los negociantes desde la época colonial.
Nos encontramos ante un dilema. Por un lado hemos de considerar los aspectos positivos que el desarrollo o progreso puede traer en la generación de empleos, calidad de vida, educación, comunicación, generación de divisas para aumentar las participaciones municipales, etc. Pero también hay que tener presente que las experiencias de otras regiones de nuestro continente (Panamá, por ejemplo) donde los efectos del “progreso han sido más bien negativos, sobre todo en el nivel social y ambiental.
Es claro que los modernos sistemas tecnológicos, la informática, la biotecnología, las vertiginosas invenciones en todos los campos de la ciencia, son conquistas de la aventura de las sociedades humanas sobre la tierra y que ningún sector social debe ser privado de ellas, más bien deben ser consideradas como partes integrantes de los derechos de las personas, en este caso particular, de los pueblos. Por lo que formulamos el siguiente dilema:
¿Cómo hemos de conjugar estos intereses de fondo de cada uno de los actores, puesto que en último término se trata de valores que se cuestionan mutuamente, aunque sin caer en una mutua condena?
Las políticas de desarrollo, tal como se han venido implementando, no resultan compatibles con la conservación de la biodiversidad y de los pueblos indios. Por lo tanto, la búsqueda de la preservación de la diversidad biológica y cultural significa enfocarse hacia las políticas de desarrollo.
Los grandes ausentes de la propuesta de este “Megaproyecto en el Istmo” son el ambiente y la población que detenta la propiedad social de la tierra, tanto indígenas como campesinos mestizos empobrecidos. Población que, en general, comparte las condiciones de una sociedad civil débil, poco y mal organizada, poco y mal informada, poco y mal articulada. Debilidad que se enfrenta a intereses de círculos de influencia “casi siempre regidos por las leyes del mercado mundial, de la competencia económica y tecnológica, en una postura cada vez más deshumanizada y anti-ética. Progreso, en este sentido, no significa siempre avance social, especialmente frente a la minoría étnica y su cultura diferenciada.
Aquí ofrezco sencillamente plantear la problemática abierta. En todo caso, sugerir algunos elementos para propiciar un análisis ético de la situación.
¿QUÉ ES EL MEGAPROYECTO?*
Oficialmente conocido como “PROGRAMA INTEGRAL DE DESARROLLO DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC”. Definido por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y los gobiernos de los Estados de Oaxaca y Veracruz, quienes impulsan la propuesta de hacer del Istmo de Tehuantepec un corredor comercial con inversiones extranjeras y nacionales, a través de la unificación de proyectos “detonadores”, de infraestructura y productividad que propicien el desarrollo de la región y la generación de empleos.
Entre estos proyectos detonadores contemplan los sectores: industriales, agroindustriales, forestales, petroquímicos, mineros, pesqueros, de turismo e infraestructura urbana. El total de proyectos son 125 de los cuales 70 (56%) se ubican en Oaxaca y 55 (44%) en Veracruz, en 34 municipios de la región ístmica, es decir sobre el 42.5% del total de estos. El 20% de los proyectos son de infraestructura urbana, el 18.4% referidos a la industria petrolera y petroquímica, el 14.4% son pesqueros, el 8.8% industriales, el 7.2% de infraestructura ferroviaria, el 6.4% infraestructura portuaria y plantaciones forestales, respectivamente, el 5.6% infraestructura carretera, mientras que minería y agroindustrias con el 4.8% cada una y, por último, con 3.2% el turismo[1].
ANTECEDENTES.
La actual posición geoestratégica del Istmo de Tehuantepec no es nueva, fue nudo de intercambios poblacionales, comerciales y militares en la época prehispánica y durante la conquista. En la época colonial, Coatzacoalcos era un punto clave, por sus comunicaciones fluviales, para el comercio regional. Para 1789 se establecía un embarcadero en Saravia sobre el río Jaltepec[2].
Sin embargo, su ascenso al interés internacional se da a partir de mediados del siglo XIX, con la ilusión tecnológica que impone la época del maquinismo (ferrocarriles y nuevos sistemas de navegación) y la expansión de los Estado Unidos.
En 1879 se realiza el Congreso Internacional de París para la Comunicación Interoceánica en América. El Congreso de París se había pronunciado por la construcción del Canal de Panamá, teniendo como modelo el Canal de Suéz de 168 km de longitud, que conectaba el Mediterráneo con el Mar Rojo
. El 15 de agosto de 1914 un buque, con bandera de los Estados Unidos, cruzaba el canal de Panamá, con lo cuál los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos y el ferrocarril que los unía entraban en desuso[3]. El proyecto transístmico se mantenía en suspenso, pero no olvidado.
México, a partir del auge petrolero de comienzos de los setenta se plantea la “administración de la riqueza” al final de la década. Al comienzo de la década siguiente, tiene que anunciar el prorrateo de la deuda pública; la bancarrota, pues. Ya se hablaba del proyecto transístmico Alfa-Omega.
La recomposición del mundo estaba en proceso. Los Estados Unidos perdían su primera guerra en Viet-Nam.. Cayó el Muro de Berlín y comienza el desmembramiento de la URSS. El bloque occidental había “ganado” la Guerra Fría conducida por los Estados Unidos con apoyo de “sus” aliados[4]. Las bases para la globalización están dadas, pero se requiere la estructuración de megaarreglos regionales: Tratado de Libre Comercio de los países del Norte de América; la Comunidad Económica Europea; y el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico.
Para 1977, los puertos industriales y petroleros de Coatzacoalcos y Salina Cruz son concebidos como los extremos de un ambicioso proyecto planteado, en ese entonces, como un alternativa terrestre al Canal de Panamá. El proyecto se llamó Servicio Multimodal Transístmico, conocido popularmente por Alfa-Omega. Si bien la perspectiva resultó adecuada con el tiempo, en ese entonces era un proyecto totalmente inmaduro; se requerían transformaciones jurídicas, administrativas y fiscales para poder llevarlo a cabo[5].
La comunicación, entre los dos puertos industriales y petroleros de altura, sirve de articuladora de dos de las tres grandes cuencas marítimas del mercado internacional: la del Atlántico Norte y la del Pacífico. La primera es el espacio de intercambio de dos de las economías más grandes del mundo, es decir, la de América del Norte y la de la Comunidad Económica Europea (CEE). La segunda contiene el otro gran espacio económico internacional: Japón, Taiwan, Corea, Singapur y Hong Kong.
El atraso de la economía nacional frente al mercado global, en esta visión, obliga a una transformación acelerada y dinámica en las prácticas de producción y comercialización a través de tres ejes: maquila, captación de inversión extranjera y producción para la exportación con incentivos de orden fiscal y regulatorio.
Esta orientación va creando las condiciones de maduración del Programa Transístmico, es decir las medidas jurídicas y administrativas básicas para su concreción; con la variante de que el Estado ya no tiene ni los recursos ni la voluntad política para desarrollar una infraestructura física de alta calidad y en cantidad suficiente (carreteras, puertos, transportes, autopistas, ferrocarriles, comunicaciones, agua, energía, entre otras. En función de lo anterior delega actividades en la inversión privada nacional e internacional, por la vía de las licitaciones públicas, la concreción de programas y proyectos[6].
LAS COMUNIDADES INDIGENAS SON AFECTADAS
La región ístmica es una de las más grandes áreas de biodiversidad nacional y su riqueza se debe a que es un espacio de confluencia y entrecruzamiento de los reinos neotropical y neártico y de las biotas de los Golfos de México y de Tehuantepec. Este entretejido biótico es delicado y frágil[7].
Además de lo anterior hay tres zonas de específica biodiversidad que son consideradas delicadas: Chimalapas, Uxpanapa y Los Tuxtlas. Zonas amenazadas y presionadas por intereses madereros y de colonización, tanto espontánea como planificada. El turismo y los cordones de miseria que crea, no han sido menos amenazantes para la biodiversidad de la región, como lo demuestra Huatulco.
De la población total regional, alrededor de 2 millones de habitantes, aproximadamente la cuarta parte están estimadas como pertenecientes a pueblos indios. En la región se encuentran presentes hablantes reconocidos de 12 grupos étnicos distintos: Zapotecos, Popolucas, Nahualt, Zoques, Huaves, Mixes, Chontales de Oaxaca, Mixtecos, Tzotziles, Chinantecos, Mazatecos y Chochos. Los últimos cinco de migraciones obligadas, en los últimos cincuenta años, por inundación por presas de sus territorios (mazatecos y chinantecos), por crisis agrícolas por deslave de suelos (mixtecos y chochos) y por falta de tierras de labor por concentración caciquil de las mismas (tzotziles).
Esta población indígena se reparte en 539 localidades con 30% y más de hablantes étnicos, estando el 61% de las mismas en el lado oaxaqueño (330) y el 39% restante en Veracruz (209)[8].
VALORACIÓN
El ambiente y la población pueden ser gravemente perjudicados, aunque se planteen los proyectos bajo la propuesta de preservarlos y ayudarlos. El efecto puede ser perverso, si no se contemplan unos parámetros éticos en términos sociales y ambientales desde el comienzo de un megaproyecto, además de proponer mecanismos de corrección de los efectos indeseados en el despliegue de las acciones proyectadas.
Aunque es indudable que los grandes proyectos de desarrollo generan riqueza de manera inmediata a pequeños sectores sociales nacionales e internacionales extrarregionales, también se hace evidente que dañan, muchas veces de manera irreversible, el medio ambiente y las poblaciones locales de los territorios en que se llevan a cabo. El impacto que, de hecho ya está comenzando a causar, es de mayor magnitud, especialmente cuando se toma en cuenta que el territorio está habitado por pueblos indios:
Esto último se debe a la negativa de las sociedades nacionales y de las agencias multilaterales internacionales que financian el desarrollo de considerar a las sociedades indias como participantes plenas y responsables y como interlocutoras políticas válidas en los proyectos que se realizan en sus territorios ancestrales”[9].
Especificando un poco más: Es claro que el istmo debe articularse a la globalización, lo que no queda claro es cómo.
Es obvio también, asumiendo la globalización económica como un hecho dado, que el país debe utilizar todas las ventajas comparativas que tiene a su disposición para participar en los grandes flujos comerciales internacionales, es su derecho. Pero pierde “de facto” este derecho cuando esta globalización se impone a fuerza de afectar a las comunidades indígenas y el medio ambiente en que se encuentran formando parte, precisamente de ese país. Estamos, obviamente, ante dos perspectivas del mismo problema: ¿Hay que sacrificar a los indígenas en aras del desarrollo del país?, o hay que mantener a los indígenas en su estado “natural” para no “afectarlos” en ningún sentido. La solución no es fácil.
Cierto que el ejercicio del gobierno consiste mucho más que la ubicación de proyectos sobre un mapa. Se trata de la construcción de una interrelación de ambientes y sociedades locales en términos duraderos, en donde éstas sean partes integrantes completas del megaproyecto, en donde lo cualitativo (ecosistema y socioeconomía regional) estén en los planos de ingeniería, en sus mecanismos reguladores, en la corrección de impactos sociales y ambientales, en la toma de decisiones.
PERSPECTIVA CULTURAL
Hay dos maneras de plantear esta situación:
Los países requieren recursos naturales para su progreso y desarrollo, dichos recursos se encuentran en territorios de comunidades mayormente indígenas. ¿Hay que sacrificar a las comunidades indígenas para el bien del estado, o al revés?[10].
Para la “cosmovisión” occidental: los recursos naturales son para el aprovechamiento de la nación en aras al desarrollo.
Para la “cosmovisión indígena”: los recursos naturales no son simples “recursos” de los cuales se pueden explotar sin más, sino que la tierra es una parte fundamental de su relación con el “otro”. La tierra, no es sólo una realidad material, es ante todo “nuestra Madre”.
Además de ser perspectivas diferentes, son razones diferentes. Hay que hablar en este sentido de racionalidad, entendiendo esta como una forma de razonar el mundo como totalidad; con sus creencias, preferencias y conocimientos. Esto es precisamente lo que conforma la “cosmovisión” de una determinada cultura.
Tenemos entonces que, si una acción (en este caso de las inversiones y obras de infraestructura) promueve los mejores intereses de cada una de las partes involucradas sin violar los derechos de cada una de ellas, entonces la acción es éticamente aceptable. De lo contrario, dicha acción sería, en este sentido, anti-ética.
Sin, embargo el concepto de racionalidad ha sido suplantado en el capitalismo. Ahora se entiende como la decisión egoísta de maximizar la función de utilidad. Esta visión es una influencia del principio utilitarista: Todo el mundo prefiere más que menos (riqueza, libertad, virtud, verdad, etc.).
La suplantación consiste en que la preferencia sólo se basa en un parámetro, la “utilidad”. Es decir, implica “cosificar” un bien, lo cual significa que pasa a ser una mercancía.
CONCLUSIÓN
Los planificadores del desarrollo a gran escala se sorprenden cuando descubren que las propuestas culturalmente apropiadas, incluso cuando las analizan desde una perspectiva exclusivamente económica, son las que han tenido mayor éxito.
A medida que el programa istmeño se ha ido publicitando en declaraciones oficiales y oficiosas, en reuniones regionales y visitas legislativas, aumentan las voces y opiniones alrededor del mismo. El concierto es disonante, desde el agudo “sí” porque generará empleo y oportunidades comerciales al grave y destemplado “no” porque afectará a la población y atentará contra la “soberanía” nacional. Casi no hay voces bien temperadas que intenten dilucidar de que se trata. Los argumentos a favor y en contra, de la manera que se han hecho públicos tienden a opacar el entendimiento sobre qué es lo que finalmente está en ciernes, ya que ambos extremos se unifican por el discurso altisonante, ideológico, basado en los intereses que cada uno considera el adecuado. Parece ser que la tendencia es a que aumentará y agudizará la discusión entre ambos actores a medida que avance el tiempo. Pero según la representación gráfica y la aplicación de la teoría de juegos nos permite entrever el megaproyecto sí se realizará, tomando en cuenta la conservación de la cultura, el medio ambiente, y en general, será benéfico, tanto para el gobierno como para las comunidades del Istmo.
* Las siguientes no son citas literales, excepto las que aparecen como cursivas. Debido a la amplitud del tema y el desacuerdo en los puntos de vista, optamos por hacer una recensión, señalando las páginas de la fuente.
[1] Gobierno del Estado de Oaxaca, Perspectivas del Programa de Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, en, El sol del Istmo, 7 de oct. 1992.
[2] Aoyama, Reyna Leticia Y Reséndiz R, Andrés, “La disputa Transístmica”, en, Investigación y Desarrollo, n°. 40, año IV, México, 1995, p. 67-68.
[3] Ibid. p. 74.
[4] Ibid. p. 77.
[5] Rodriguez, Nemesio, Territorios Violados: indios, medio ambiente y desarrollo en América Latina, INI/CONACULTA. Cap. V, México, 1995, p. 117.
[6] Ibid. p. 122.
[7] Vocalía de Gobierno Del Estado de Oaxaca, Tequio por Chimalapas, Oaxaca, México, 1992, p. 98-104.
[8] Ibid. p. 110.
[9] Rodríguez, Nemesio, op. cit. p. 119.
[10] El comentario que sigue a este punto está tomado de los apuntes en clase. 24 sep. Y 8 de oct. 1999.



Interesting,
Keep up the good work,
Thanks
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